Hace un par de semanas relaté mi noche loca con un musculitos . Pues bien, anoche volví a repetir con él. Tras coincidir en la misma disco, de nuevo fuimos a mi casa y follamos. Esta vez me puse a cuatro patas en la cama ofreciéndole mi culo. Él se puso detrás de mí y tras echar un poco de lubricante sobre mi ojete comenzó a follarme.
Yo me moría del gusto ya que él me follaba como un auténtico diablo. Me agarraba con su manos por la cintura y no paraba de penetrarme salvajemente una y otra vez. Yo no paraba de jadear de placer. Quería que no acabara nunca. Quería que su polla no dejara de llenar mi culo.
En un momento dado, se inclinó sobre mí y pude sentir su aliento en mi nuca. Me agarró la polla y comenzó a cascármela mientras me enculaba.
Tras varios minutos follándome, de repente noté cómo sacaba rápidamente su polla de mi culo.
-"Toma la leche"- me gritó. Yo me giré y él apuntó con su polla a mi cara. En unos segundos me la llenó de semen. Yo le rebañé las últimas gotas de lefa que salían por su glande.
-"Esta vez te he guardado la leche toda para ti, que sé que te gusta..."-me dijo,
Yo le agradecí "el detalle" con un sonrisa. Una sonrisa cubierta de semen.
En cuanto se corrió en mi cara y terminé de chupársela comenzó a vestirse y se fue. Había quedado de nuevo con su novio. Una vez más me volví a sentir como la otra, la puta, la amante, con la que el hombre se desahoga sexualmente para volver luego al hogar como un caballero decente. Pero en fin, la cuestión era que había echado un buen polvo y que su leche todavía resbalaba lentamente por mi cara. Y eso me encantaba.
Hace unos meses ya comenté aquí que tengo un vecino hetero (casado y con dos hijos) que me suele hacer "visitas" de índole sexual. Pues bien, últimamente viene bastante a menudo. Dice que cada vez está peor con su mujer, que apenas tienen sexo y que por eso no para de hacerse pajas. Estas "visitas" siempre han consistido en mamadas que le hago hasta que se corre. A mí me encanta chupársela y él disfruta vaciando la leche de sus huevos en mi boca y en mi cara.
Esta semana ha pasado por mi casa en cuatro ocasiones, cuando normalmente sólo pasa una o dos veces por semana. La última esta misma mañana. Obviamente, cada vez está más salido.
Visto lo cachondo que está últimamente, le he "insinuado" la posibilidad de, si quiere, poder follarme. Pero él se ha mostrado reacio. Me ha dicho que éso ya son palabras mayores y que dar por culo es demasiado "mariconada" para él. Que a él sólo le van los coños.
A pesar de ello, yo creo que algún día, de seguir así las cosas, caerá en la tentación de encularme. Porque, ¿qué hombre puede estar mucho tiempo sin follar? Mis mamadas son tan sólo un alivio momentáneo. Pronto necesitará pasar a la acción y cuando éso ocurra, mi culo estará preparado para dar cabida a su polla.
Mientras tanto seguiré saboreando su polla con mi boca y disfrutando de su leche caliente en mi cara.
Esta mañana me he despertado y junto a mí, en la cama, dormía todavía el tío que me había follado esta noche. Era el típico musculitos de gimnasio. Estaba bastante bueno y en cuanto le ví en la discoteca me acerqué poco a poco a él zorreándole. Sí, le zorreaba ofreciéndome a él como pieza a la cual podía follar todo lo que quisiera. Me puse a bailar frente a él intentando rozar mi culo lo máximo posible con su paquete. La verdad es que soy un chico muy fácil y me dejo "querer" fácilmente. Él enseguida captó que yo tenía ganas de "mambo" con él. A los pocos minutos estábamos en su coche morreándonos. Yo le acariciaba el paquete con ganas y le bajé la cremallera de la bragueta. Se la iba a sacar y empezar a chupar, cuando me dijo:
-Aquí no-me dijo-vamos a tu casa.
Ya en casa, me desnudé y me tumbé boca abajo en la cama. Él, también desnudo y con la polla bien firme, se echó sobre mí. Sentí su peso caer sobre mí. Toda una masa de músculos rodeándome y su polla luchando por abrirse camino entre mis nalgas. Abrí bien las piernas para dejarle entrar con más facilidad. Él agradeció el gesto y apuntó su pene directamente a mi ojete. Empujó y poco a poco fue insertándomelo en el culo. Una vez que me lo metió del todo comenzó a mover la cadera arriba y abajo follándome dulce y a la vez severamente.
Me gustaba sentir su aliento en mi nuca mientras me daba por culo. Sus corpulentos brazos me abrazaban y a la vez me agarraban por los hombros, algo que él utilizaba para dar a sus embestidas más impulso.
Me folló así durante unos diez minutos. Al cabo de ese tiempo le oí jadear con fuerza: se estaba corriendo. "Vaya"-pensé-"una corrida desperdiciada". Y es que yo, como siempre, hubiera querido que se corriera en mi boca.
En cuanto acabó de correrse se quitó de encima de mí y se recostó a mi lado. Estaba sudoroso y me sonrió. Le miré la polla. Lentamente se le estaba bajando la erección. Todavía tenía el condón puesto. Un condón lleno de su blanco semen. Él se dio cuenta de que le estaba mirando la polla.
-¿Qué miras con tanta atención? ¿Nunca has visto un condón lleno de lefa o qué?
-No es eso-le dije yo.
Se quedó pensando unos segundos y entonces se dio cuenta de por qué yo le miraba con tanta ansía la polla y su condón lechero. Y comenzó a reírse.
-Ya sé. No me digas que querías toda la leche para ti...
Mi silencio fue mi respuesta afirmativa.
-Hombre, haberlo dicho antes. De haberlo sabido te la habría guardado para ti.
Sí, se lo hubiera dicho, pero él iba tan caliente que apenas me dejó tiempo para comentárselo.
-Bueno, esto tiene solución-me dijo sin parar de sonreírme pícaramente. Y comenzó a desenroscarse el condón. Lo hizo poco a poco, con cuidado, de tal forma que cuando se lo quitó ni una sola gota de su semen se había derramado fuera. Cogió el condón por la abertura con dos dedos y me lo enseñó colgando frente a mi cara. Su semen se agolpaba en la parte de abajo en una masa viscosa.
-¿Lo quieres?-me preguntó aún sabiendo cuál iba a ser mi respuesta.
Asentí con la cabeza.
-Pues, abre la boca-me ordenó.
Yo le obedecí y entonces él dio la vuelta al condón dejando que su lefa saliera resbalando lentamente por la abertura y cayendo sobre mi boca abierta. Saboreé con ansia su corrida. Jugué con ella en mi boca, con la lengua, notando su sabor, para luego finalmente tragármela. Cuando ya no quedaba ni gota de semen dentro del condón me preguntó:
-¿Está rica?-
-Sí-le dije yo mientras pasaba su lefa por mi garganta dirección al estómago.
-La verdad es que todos los tíos que han saboreado mi lefa me han dicho que me sabe bastante bien. Será que estoy bien alimentado, je je- se rió.
A los cinco minutos comenzó a roncar. Se durmió en seguida. En cambio yo, tarde un rato en dormirme, notando todavía el sabor de su semen en mi boca.
Esta mañana me he despertado y al lado estaba él todavía dormido. Estaba boca arriba, con la boca abierta y con una gran erección entre las piernas. Sonreí. Era la típica empalmada mañanera. No me lo pensé ni un segundo y me lancé hacia su polla. Comencé a mamársela bajo las sábanas. Umm, que gusto! Me encantaba comer pollas. Enseguida, ante el placer de mi felación, se despertó.
Para mi sorpresa, me dijo que parara de chupársela. Que tenía que irse. Que no tenía que haberse dormido. Y que su novio le estaría esperando preocupado en casa. Se levantó de la cama, se vistió como un rayo y se fue.
Otra vez que me quedo con las ganas! Sin embargo, me prometió que nos volveríamos a encontrar. Eso esperaba yo. Aunque sabiendo que tiene novio, ni sé si me agrada eso de ser "la otra".
A los siguientes chicos les encanta la lluvia blanca. Son expertos en ordeñar con sus bocas las pollas de sus respectivos machos, hasta que éstas explotan vertiendo toda su leche por su cara.
Lo de hacer mamadas en el baño es algo que me gusta. No sé, me da cierto morbo hacerlo en un sitio pequeño y normalmente sucio, y sabiendo que hay gente esperando al otro lado de la puerta. Normalmente yo suelo hacer mamadas en los baños de bares y discotecas a tíos que acabo de conocer, que van con más de una copa de más y que se dejan hacer de todo. No me gusta, en cambio, ir a baños públicos donde se practica el cruising, ya que suelen ser lugares frecuentados por viejos verdes.
Sin embargo, ayer sí que me lo monté con un tío en los baños de una estación de tren. La verdad es que yo entré a los baños de forma natural, sin buscar nada, simplemente porque tenía ganas de mear. Cuando tenía la chorra fuera y ya estaba orinando, de repente entró en los baños un chico de unos treinta y tantos, y se puso justo en el urinario pegado al mío. Enseguida me pareció raro porque el resto de los urinarios estaban vacíos. Entonces giré la cabeza disimuladamente hacia él. Primero me fijé en su cara, de perfil: no estaba mal, era guapillo y estaba sin afeitar. Luego bajé la vista y me dí cuenta de que aunque tenía la polla fuera, no estaba meando. Él, al percatarse de que se la estaba mirando, comenzó a meneársela y en voz baja me dijo: "¿Qué?, ¿te gusta?". Yo le contesté asintiendo con la cabeza y sonriéndole.
En ese momento, se guardó la polla en el pantalón y se metió en una cabina de los baños. Yo acabé de mear. Él desde la cabina me hizo una señal con la cabeza invitándome a entrar con él. Miré a un lado y a otro: no había nadie más en los baños. Me decidí y entré con él.
Nada más entrar, cerró la puerta con pestillo y, bajándose un poco el pantalón y el calzoncillo, se sacó la polla. La tenía ya morcillona. Se la agarré con una mano acariciándola. No tuvo que decirme nada porque yo enseguida me puse de rodillas ante él y comencé a chupársela. Tanto morbo me daba la situación de estar chupándosela a un completo desconocido en un baño público que se la mamé rápida e intensamente. Quizá tan intensamente que no pasó ni un minuto de mamada cuando el chico se corrió. Sacó la polla de mi boca y me echó toda la leche por la cara. Fue una corrida tan abundante que pensé que seguramente llevaba varios días sin correrse.
Cuando terminó de echarme lefa, enseguida se subió los pantalones y se guardó la polla, y con un seco "adiós" abrió la puerta del baño se fue. Y me dejó a mí ahí, de rodillas y con la cara llena de semen. Me incorporé y con los dedos me fuí llevando la lefa de mi cara a la boca. Al menos era un semen de buena calidad, pensé mientras me lo tragaba. Saqué un klínex y terminé de limpiarme la cara antes de salir de la cabina. Fuera, me miré al espejo; tenía todavía algo de semen en la comisura de los labios. Saqué la lengua y lo relamí.